
Estimado amigo Matías-
Un 27 de enero de 2009 te escoltaba hasta la guarida para despedirnos de nuestra relación laboral, después de 11 años en las trincheras, buzones, portales, porteros automáticos, ascensores, telegramas, buro faxes y sobre todo paquetes y cartas urgentes, compartiendo malos, regulares y buenos momentos que llenan el recorrido de nuestra vida laboral, tengo que reconocer que con el devenir de los tiempos, a uno se le arrima algo, ganaste mi cariño.
Juzgar a una persona sin conocerlo es un error, nunca lo he hecho, ni lo haré, lo cual es algo que hace mucho tiempo que esta en mi escala de valores y fundamentos, quizás solo en un pequeño periodo de tiempo posterior, me he dado cuenta que la amistad es una cualidad que esta por enzima de cualquier parámetro, a los amigos no se eligen por sus aptitudes para los trabajos, capacidad y buena disposición para ejercer o desempeñar una determinada tarea, función, empleo, ni se eligen por sus actitudes, disposición del animo, tiene una actitud correcta, solidaria, los amigos son lo que son, en realidad alguien es mi amigo por coincidir, vivir y compartir determinados momentos de mi vida, infancia, colegio, deporte, bares y trabajos.
El 27 de enero de 2009, cuando llegaban las 20.30 PM, esperando a mi compañero Matías, cuando le quedaban minutos de relación laboral con Korreos Ourense, solo un servidor y el encargado de turno, obligado por la situación, aguardábamos al soldado que regresa de su última misión, de repente, la puerta rompe el silencio, unas pisadas resuenan en las escalinatas de la entrada y la silueta del coleguilla entra en el negociado, como siempre, consignando la situación, haciendo gala del código ético del buen cartero, dio novedades y cerro su informe final del cometido con su PDA, con pasión, ética y profesionalidad.
El responsable, gélido, impasible y sin pizca de humanidad, misericordia, decencia, y sin un mínimo gesto de empatia, apretón de manos, un, que lo disfrutes, no hubo nada, la incomunicación interrumpida únicamente por el tramite legal de la liquidación de los envíos. Pacientemente fue recogiendo sus enseres, vaciando de prendas, objetos y recuerdos la taquilla, cogiendo los souvenir de tantas batallas, una última mirada al receptáculo que albergo tantas reliquias, calendarios, posters y fotos de las celebraciones en su larga vida laboral y como el buen alguacil, le da unas vueltas a la llave cerrando perfectamente el habitáculo, tímidamente va sacando el llavín , como al que le cuesta desprenderse de un sello de colección, además terminan en sus manos, acompañando a una bolsa con todos esos objetos de remembranza y en ese ultimo suspiro que ahoga la sangre que sube al cerebro, se encamina hacia la conclusión.
Entregando las mismas al aterido encargado, desplegó su finiquitada e inimitable firma en la hoja de control y como los grandes faraones olvidados por el paso del tiempo, lanza en ristre y ojo avizor, bajo por las escaleras del centro de trabajo, inesperadamente cuando se disponía a salir por la puerta, escucho una voz tenue, metálica y cariñosa, un susurro desde el interior del pabellón postal, se adentro hasta sus expectantes oídos, el compañero de seguridad, Marcos, saliendo de su bunker con una sonrisa espontánea y un aura de bondad, alarga su brazo y le ofrece su mano, fundiéndose las dos en un apéndice de mutua gratitud, este ademán, mueca, seña y guiño, regenera el semblante del ignorado por los resentidos, ausentes e indiferentes, las palabras del amiguete llenas de calor, colmadas de agradecimiento, reconocimiento y consideración por los innumerables momentos de compañia, humor y risa, deseando al compañero un buen jubileo en esta nueva etapa de su vida, estos dispendios devuelven la sonrisa a un trabajador que descargaba tristeza en todo aquel momento tan esperadamente especial, el colega de seguridad se despide como se debe despedir a un militar que después de 44 años de servicio, cuelga la cartera, PDA y el telégrafo, decidiendo marchar sin florituras y sin hacer el mas mínimo ruido.
Esto ya no es lo que era, aquel final apoteósico de compañeros que se unían ante las adversidades vividas, donde amor y odio quedaban ajenos y donde los momentos vividos estaban por enzima de las diferencias. Pueden unos cuantos individuos restar tanto que no demuestren un atisbo de sentimiento con respecto a un compañero que se ha despedido de cuatro décadas de trabajo, esto ya no es lo que era, ni una palmadita de consideración, ni un ápice de recuerdo, pueden ser tan desconsiderados desde las jefaturas, sin un mínimo de agradecimiento, después de tantas tardes de abnegación a un servicio que tanto amaba y por el cual había llevado una vida laboral digna de ser considerada.
Matías permíteme darte las gracias por tu amistad y por ser mi amigo, feliz jubileo.
Un 27 de enero de 2009 te escoltaba hasta la guarida para despedirnos de nuestra relación laboral, después de 11 años en las trincheras, buzones, portales, porteros automáticos, ascensores, telegramas, buro faxes y sobre todo paquetes y cartas urgentes, compartiendo malos, regulares y buenos momentos que llenan el recorrido de nuestra vida laboral, tengo que reconocer que con el devenir de los tiempos, a uno se le arrima algo, ganaste mi cariño.
Juzgar a una persona sin conocerlo es un error, nunca lo he hecho, ni lo haré, lo cual es algo que hace mucho tiempo que esta en mi escala de valores y fundamentos, quizás solo en un pequeño periodo de tiempo posterior, me he dado cuenta que la amistad es una cualidad que esta por enzima de cualquier parámetro, a los amigos no se eligen por sus aptitudes para los trabajos, capacidad y buena disposición para ejercer o desempeñar una determinada tarea, función, empleo, ni se eligen por sus actitudes, disposición del animo, tiene una actitud correcta, solidaria, los amigos son lo que son, en realidad alguien es mi amigo por coincidir, vivir y compartir determinados momentos de mi vida, infancia, colegio, deporte, bares y trabajos.
El 27 de enero de 2009, cuando llegaban las 20.30 PM, esperando a mi compañero Matías, cuando le quedaban minutos de relación laboral con Korreos Ourense, solo un servidor y el encargado de turno, obligado por la situación, aguardábamos al soldado que regresa de su última misión, de repente, la puerta rompe el silencio, unas pisadas resuenan en las escalinatas de la entrada y la silueta del coleguilla entra en el negociado, como siempre, consignando la situación, haciendo gala del código ético del buen cartero, dio novedades y cerro su informe final del cometido con su PDA, con pasión, ética y profesionalidad.
El responsable, gélido, impasible y sin pizca de humanidad, misericordia, decencia, y sin un mínimo gesto de empatia, apretón de manos, un, que lo disfrutes, no hubo nada, la incomunicación interrumpida únicamente por el tramite legal de la liquidación de los envíos. Pacientemente fue recogiendo sus enseres, vaciando de prendas, objetos y recuerdos la taquilla, cogiendo los souvenir de tantas batallas, una última mirada al receptáculo que albergo tantas reliquias, calendarios, posters y fotos de las celebraciones en su larga vida laboral y como el buen alguacil, le da unas vueltas a la llave cerrando perfectamente el habitáculo, tímidamente va sacando el llavín , como al que le cuesta desprenderse de un sello de colección, además terminan en sus manos, acompañando a una bolsa con todos esos objetos de remembranza y en ese ultimo suspiro que ahoga la sangre que sube al cerebro, se encamina hacia la conclusión.
Entregando las mismas al aterido encargado, desplegó su finiquitada e inimitable firma en la hoja de control y como los grandes faraones olvidados por el paso del tiempo, lanza en ristre y ojo avizor, bajo por las escaleras del centro de trabajo, inesperadamente cuando se disponía a salir por la puerta, escucho una voz tenue, metálica y cariñosa, un susurro desde el interior del pabellón postal, se adentro hasta sus expectantes oídos, el compañero de seguridad, Marcos, saliendo de su bunker con una sonrisa espontánea y un aura de bondad, alarga su brazo y le ofrece su mano, fundiéndose las dos en un apéndice de mutua gratitud, este ademán, mueca, seña y guiño, regenera el semblante del ignorado por los resentidos, ausentes e indiferentes, las palabras del amiguete llenas de calor, colmadas de agradecimiento, reconocimiento y consideración por los innumerables momentos de compañia, humor y risa, deseando al compañero un buen jubileo en esta nueva etapa de su vida, estos dispendios devuelven la sonrisa a un trabajador que descargaba tristeza en todo aquel momento tan esperadamente especial, el colega de seguridad se despide como se debe despedir a un militar que después de 44 años de servicio, cuelga la cartera, PDA y el telégrafo, decidiendo marchar sin florituras y sin hacer el mas mínimo ruido.
Esto ya no es lo que era, aquel final apoteósico de compañeros que se unían ante las adversidades vividas, donde amor y odio quedaban ajenos y donde los momentos vividos estaban por enzima de las diferencias. Pueden unos cuantos individuos restar tanto que no demuestren un atisbo de sentimiento con respecto a un compañero que se ha despedido de cuatro décadas de trabajo, esto ya no es lo que era, ni una palmadita de consideración, ni un ápice de recuerdo, pueden ser tan desconsiderados desde las jefaturas, sin un mínimo de agradecimiento, después de tantas tardes de abnegación a un servicio que tanto amaba y por el cual había llevado una vida laboral digna de ser considerada.
Matías permíteme darte las gracias por tu amistad y por ser mi amigo, feliz jubileo.